A mediados del siglo XX se creó una nueva máquina que vino a transformar radicalmente los modos de circulación de la información dentro del hogar y que, a su vez, pudo poner en crisis el monopolio de los adultos (que en la familia típica se asocia al poder monolítico del padre). Con la televisión, una lluvia de imágenes e información -que en otro momento eran filtradas por la autoridad parental- se instalan en el cortocircuito cotidiano [1]. Las cavilaciones y rechazos que este profundo cambio en el consumo massmediático provocó se pueden detectar en la famosa disyuntiva del papá de Mafalda a propósito de su relación complicada con el televisor que, por más que intente evitarlo, se le va de control.
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