miércoles, 7 de enero de 2009

Se puede separar el mundo de los adultos del de los niños?

No siempre el mundo de los adultos estuvo separado del de los niños, así como tampoco la juventud ha tenido una fisonomía idéntica y homogénea a lo largo de la historia.

A partir del Renacimiento se inició un proceso que, de acuerdo con Julia Varela, se puede caracterizar como el de una pedagogización de los saberes (y que luego, hacia el siglo XVIII, se transformó, en palabras de Michel Foucault, ante el “discipinamiento interno de los saberes”): “en función de una nueva concepción de la infancia, -que entonces empezaba a ser aceptada especialmente por algunos grupos sociales ligados al mediano estado- se va a producir una separación cada vez más marcada entre el mundo de los adultos y el de los niños, y va a surgir la necesidad de diseñar, y de poner en marcha, nuevas formas específicas de educación. Fue en este marco donde tuvo lugar el surgimiento de nuevas instituciones educativas”.



Hoy, como argumenta Beatriz Sarlo, la infancia ha sufrido una nueva mutación.
“La infancia, casi, ha desaparecido, acorralada por una adolescencia tempranísima. La primera juventud se prolonga hasta después de los treinta años. Un tercio de la vida se desenvuelve bajo el rótulo, tan convencional como otros rótulos, de juventud”. Si hasta los años previos a 1960, antes de la aparición del jean y de la minifalda, no se podía hablar estrictamente de la existencia de una moda juvenil, en los tiempos actuales las prácticas culturales ligadas a la juventud adquieren un prestigio inédito, que está estrechamente vinculado a la desestabilización de los principios jerárquicos.
“La cultura juvenil -sostiene Sarlo-, como cultura universal y tribal al mismo tiempo, se construye en el marco de una institución, tradicionalmente consagrada a los jóvenes, que está en crisis: la escuela, cuyo prestigio se ha debilitado tanto por la quiebra de las autoridades tradicionales como por la conversión de los medios masivos en espacio de una abundancia simbólica que la escuela no ofrece.
Las estrategias para definir lo permitido y lo prohibido entraron en crisis”.

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